martes, 30 de noviembre de 2010

LAS CHRISTMAS (Gustavo Pérez Firmat, cubano)

Durante los primeros años de exilio, dejamos de celebrar la Nochebuena, pues parecía absurdo celebrar esta fiesta con toda la familia dispersa –algunos todavía en Cuba, otros en Puerto Rico, otros en Nueva York. La primera Navidad en Miami pusimos un arbolito, más verde pero menos vistoso, con un nacimiento de cartón. En vez de la cena de Nochebuena tuvimos un almuerzo de Navidad. 
     Cuando salimos de Cuba, dos meses antes, mis padres albergaban la esperanza de que para la Nochebuena ya estaríamos de regreso en La Habana, pero no fue así. Sentado con mis hermanos en torno a la mesa el Día de Navidad, me sentía más desorientado que otra cosa. Hacía sólo pocas semanas que estábamos nosotros, súbitamente transformados en la típica familia «nuclear». La celebración navideña fue breve y callada. Esa mañana Santicló había traído regalos, pero unos días después los Reyes Magos no se aparecieron. Mi madre le dijo a mis hermanos pequeños que los Reyes Magos todavía estaban en Cuba. . .
     Nuestras Nochebuenas miamenses han llegado a parecerse a esos esqueléticos arbolitos de Navidad que teníamos en Cuba, bañados de lágrimas. Cuando mis padres hayan muerto, algo que espero no suceda por muchos años, no me quedará más remedio que celebrar la Nochebuena en Chapel Hill, acompañado de familia americana –Mary Anne, mis hijos y mis hijastros. En vez de ir a Miami, me quedaré donde estoy. Formaré parte del bando de los inmóviles, los que permanecen en su hogar. Pero me aposentaré lejos de mi casa, en un hogar fuera del lugar. Sé que en Chapel Hill mis tradiciones criollas padecerán nuevas pérdidas y atenuaciones, y que un día me encontraré en la situación de mi padre –seré el único gallo cubano en la fiesta. Y entonces tendré que aprender cómo cantan los gallos en inglés.
(Extraído del libro LAS CHRISTMAS, de Esmeralda Santiago y Joie Davidow).

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