viernes, 13 de noviembre de 2009

EL CARTERO DE NERUDA



“Mario, que presentía el fin del diálogo, se dejó consumir por una ausencia semejante a la de su predilecto y único cliente, pero tan radical, que obligó al poeta a preguntarle:
–¿Qué te quedaste pensando?
–En lo que dirán las otras cartas. ¿Serán de amor?
El robusto vate tosió.
–¡Hombre, yo estoy casado! ¡Que no te oiga Matilde!
–Perdón, don Pablo.
Neruda arremetió con su bolsillo y extrajo un billete del rubro “más que regular”. El cartero dijo “gracias”, no tan acongojado por la suma como por la inminente despedida. Esa misma tristeza pareció inmovilizarlo hasta un grado alarmante. El poeta, que se disponía a entrar, no pudo menos que interesarse por una inercia tan pronunciada.
–¿Qué te pasa?
–¿Don Pablo?
–Te quedas ahí parado como un poste.
Mario torció el cuello y buscó los ojos del poeta desde abajo:
–¿Clavado como una lanza?
–No, quieto como torre de ajedrez.
–¿Más tranquilo que gato de porcelana?
Neruda soltó la manilla del portón, y se acarició la barbilla.
–Mario Jiménez, aparte de Odas Elementales tengo libros mucho mejores. Es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y metáforas.
–¿Don Pablo?
–¡Metáforas, hombre!
–¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
–Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
–Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
–Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando, ¿qué es lo que quieres decir?
–¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu’.
–Bueno, eso es una metáfora.”


(Extracto del libro EL CARTERO DE NERUDA, del escritor chileno Antonio Skármeta)

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