
“Abuelo era un hombre tranquilo que andaba con sus ojos hacia el suelo, como si hubiera perdido algo hacía tiempo y todavía lo anduviera buscando. Tenía poco pelo blanco y ojos azul turquesa. Cuando hablaba, era en voz baja, en el dialecto jíbaro, sus labios entreabiertos en una sonrisa humilde. Sus manos eran duras, callosas, las uñas amarillas y agrietadas, las puntas de sus dedos cicatrizadas. Dejaba la casa temprano, empujando un carrito que había construido de madera y partes de bicicletas. En la plaza del mercado, le apilaba una pirámide de chinas (naranjas) encima, y guardaba dos sacos más en el gabinete de abajo.
Pasaba sus días cerca del Fuerte de San Cristóbal en el viejo San Juan, pelando naranjas con una cuchilla, haciéndoles un boquete triangular por el cual los turistas podían chupar el jugo. Cada naranja le traía cinco centavos. Ponía los vellones en su bolsillo diestro, donde retintineaban cuando venía de camino a casa al fin del día, el bolsillo estirado hasta sus rodillas.
Las tardes que yo escuchaba su carrito matraqueando por la calle, corría a abrirle el portón, y cada vez, rebuscaba debajo del gabinete a ver si le quedaban naranjas. Siempre encontraba una en la esquina y, después que amarraba su carrito contra el lado de la casa, se sentaba en el primer escalón y me la pelaba, la cáscara una cinta contínua que se rizaba y giraba sobre si misma, anaranjada, blanca, anaranjada.”
(Extracto del libro CUANDO ERA PUERTORRIQUEÑA, de la escritora Esmeralda Santiago).
“Estilísticamente fluida y finamente detallada... la autobiografía de Santiago casi cinemáticamente reproduce su pasado y la cultura de su isla. Lo más atrayente de la historia de Esmeralda Santiago es la revelación que ofrece a los lectores que no conozcan el dilema vivido por todo puertorriqueño: la identidad en conflicto. ¿Es negra o blanca? ¿Es del campo o de la ciudad? Y más importante aún, ¿es puertorriqueña o norteamericana? El lector se sentirá agradecido de que Esmeralda Santiago se dicidiera a explorar su cultura y a compartir lo que halló.” –Los Angeles Times Book Review.
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