
“Cada año se celebra el cumpleaños de papá en la ciudad de México y nunca en Chicago, porque el cumpleaños de papá cae en verano. Es por eso que en la mañana del cumpleaños de papá nos levantamos con “Las Mañanitas” y no con el “Happy Birthday to You”. La abuela enojona se asegura de zarandear y despertar personalmente a todos y reunirlos para llevarle serenata a papá mientras todavía está en cama. Cada año un disco de Pedro Infante cantanto “Las Mañanitas” resuena por toda la casa, a través del patio, por los departamentos del frente y de atrás, por la planta de arriba y de abajo, más allá de la azotea donde vive Oralia, hasta la pocilga mugrosa del mecánico de al lado, por encima de los muros altos coronados de vidrios rotos, hasta los pollos de la azotea del vecino, a través de la calle hasta la casa de la Muñeca y el consultorio del Dr. Arteaga tres casas más adelante, y bajando por Misterios hasta la tlapalería del abuelo, más allá de las pareces tiznadas de la basílica, hasta el cerro polvoriento en forma de sombrero de hongo detrás de ésta llamado Tepeyac.
Todos, todo el mundo en La Villa, hasta el gallo, se despiertan con la voz oscura y aterciopelada de Pedro Infante llevándole serenata la mañanita del cumpleaños de papá...
Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
a las muchachas bonitas,
se las cantamos aquí...”
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(Extracto del libro CARAMELO, de Sandra Cisneros, traducido del inglés por Liliana Valenzuela).
“Sus personajes salen de las páginas... Cisneros escribe a lo largo de fronteras donde se cruzan la novela y la historia social. En esta novela poética narrada con mucho amor, ella usa el arte de contar cuentos para darle voz a quienes carecen de ella y para encontrar la frontera del pasado, e impregna con la riqueza de un mito, las luchas de su familia y de sus países”. –Los Angeles Times.
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