En las Navidades parecía, por un tiempito, que todos tenían lo suficiente. Mi padre nos traía turrón español –dulce pegajoso y blanco, lleno de almendras y envuelto en un fino papel comestible. El mejor turrón era el más duro, el que se tenía que romper con un martillo. También había pastas de frutas, intensamente dulces, que se comían con queso blanco del país. Algunos eran de guayaba, de un moreno rojizo denso, otros de mango dorado, de batata azucarado, color café claro, y de coco blanco resplandeciente. El que más me gustaba era el dulce de naranja, con su mezcla seductora de sabores amargos y dulces que jugueteaban en la boca. Mi familia no comía cerdo, pero mi papá cocinaba carne bif de lata con pasas y cebollas, y era el mejor tostonero judío del mundo.
(Extraído del libro LAS CHRISTMAS, de Esmeralda Santiago y Joie Davidow).
(Extraído del libro LAS CHRISTMAS, de Esmeralda Santiago y Joie Davidow).

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