miércoles, 7 de julio de 2010

TIERRA DE TODOS (LOS INVISIBLES)


«Nadie los ve. Pero están ahí.
A veces pasan frente a nosotros y los atravesamos con nuestra mirada como si fueran transparentes.
Nuestra vida sería muy distinta sin ellos. 
Pero no todos en Estados Unidos reconocen su importancia.
Son los indocumentados. 
Son los invisibles.
Prefieren no ser vistos ni contados por las autoridades ni por funcionarios del censo;
no siempre es fácil distinguir entre un burócrata y un agente de inmigración.
No se acercan a la policía. La evaden aunque necesiten su protección.
Mientras menos los vean mejor;
menos probabilidades hay de tener problemas con la ley.
Viven en la oscuridad porque la luz delata su presencia, 
y ser vistos implica el riesgo de ser arrestados y expulsados del país.
Viven en silencio. No suelen quejarse, 
aunque tengan la razón, 
porque hacerlo pudiera implicar una denuncia y la deportación.
Podemos cruzarnos con ellos en la calle y suelen bajar la mirada. 
No ser es su forma de ser. 
No tener una identidad es su identidad.
Y, sin embargo, Estados Unidos no funcionaría igual sin su presencia. 
Ellos realizan las labores más difíciles, 
las peor pagadas y las menos deseables. 
Limpian lo que nadie quiere limpiar, 
cosechan nuestros alimentos, 
cocinan nuestra comida, 
construyen nuestras casas.
Aceptan condiciones de trabajo que ningún norteamericano siquiera consideraría. 
Sin respetar el salario mínimo, 
sin seguro médico, 
sin ninguna protección laboral, 
siempre bajo la amenaza de un despido injustificado 
o una denuncia al Servicio de Inmigración.
Un día pueden tener trabajo y perderlo, sin razón, al día siguiente.
A pesar de todo lo que se dice sobre ellos 
–que son criminales, 
que son terroristas,
que ponen en peligro el sistema legal del país–
les confiamos a nuestros hijos,
les permitimos que se metan a nuestros cuartos
y hasta que tiendan nuestra cama.
Vinieron a buscar las oportunidades que no había donde nacieron.
Y son precisamente los más fuertes,
los más valientes, 
los más inconformes,
los más valiosos, 
los que están dispuestos a hacer casi cualquier cosa para salir adelante,
los que decidieron venir a Estados Unidos.
Pero el costo fue muy alto.
Pasaron de ser visibles a invisibles.
Y ahora es el momento de brindarles el reconocimiento, 
el respeto y, eventualmente, su visibilidad.
Nada fortalece más la autoestima de una persona 
que ver y ser visto,
sin miedos y sin tener que esconder la mirada.» 


(Extracto del libro TIERRA DE TODOS, de Jorge Ramos, periodista y escritor de otros nueve libros. Nacido en la Ciudad de México, lleva más de veinticinco años viviendo en Estados Unidos. Es copresentador del Noticiero Univisión y tiene un programa semanal de entrevistas llamado Al Punto. Actualmente vive en Miami.)

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