Y era como si esa música me revolviera por dentro cosas en un pedadzo de mi corazón de una época que no podía recordar. De antes. No exactamente una época, una sensación. Así como a veces uno guarda un recuerdo de imágenes borrosas y redondeadas, pero ha olvidado la única cosa que podría volver a enfocarlo todo. En este caso, había olvidado un estado de ánimo. No un estado de ánimo, una manera de ser, para ser más precisa.
No sé cómo es para los niños. Nunca he sido un niño. Pero para las niñas en algún punto entre las edades de digamos, ocho y la pubertad, las niñas se olvidan que tienen cuerpos. Es la época en que le cuesta trabajo mantenerse limpia, los calcetines siempre bajándosele, las rodillas ensangrentadas, el pelo como una escoba. No se mira al espejo. No es consciente de ser observada. No hay esa sensación de la volatilidad del cuerpo femenino, su tosco peso, la molestia de acarrearlo por doquier. Es la época en que ves a una niña y te das cuenta de que está en su punto más feo, pero al mismo tiempo, más feliz.
Y aunada a esa sensación, revoloteando en las notas de Farolito, recuerdo tantas cosas, tantas, todas a la vez, cada una distinta y separada, y todas entremezclándose. El sabor de un caramelo llamado gloria en la lengua. El color caramelo de tu piel después de enjuagarte al salir de la espuma de Acapulco, el agua salada que te escurre del pelo y hace que te ardan los ojos, el olor a mar crudo, y el mar que te sale de la boca y la nariz. Mi mamá regando sus dalias con una manguera y echándose un chorrito de agua en los pies también, pies indios, gruesos y chatos, como de barro, como las ollas de barro colorado mexicanas.
Y no sé cómo es para los demás, pero para mí estas cosas, esa canción, esa época, ese lugar, se encuentran todas ligadas a un que extraño, que no existe ya. Que nunca existió. Un país que yo inventé. Como todos los emigrantes... atrapada entre aquí y allá.»
CARAMELO, de Sandra Cisneros. Nació en Chicago, pero su herencia mexicana ha sido una influencia importantísima en toda su obra. Actualmente vive en San Antonio, TX en su famosa “Casa Morada” donde ocasionalmente ofrece su tiempo realizando talleres de escritores latinos.
CARAMELO, de Sandra Cisneros. Nació en Chicago, pero su herencia mexicana ha sido una influencia importantísima en toda su obra. Actualmente vive en San Antonio, TX en su famosa “Casa Morada” donde ocasionalmente ofrece su tiempo realizando talleres de escritores latinos.
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